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Quién guarda el registro
Una institución no puede ser a la vez el sujeto de un registro y su custodio. No es cuestión de confianza, sino de quién puede probar algo sobre el pasado.
Un registro público tiene dos propiedades que casi nunca se distinguen. Una es que la información esté disponible. La otra es que la información de ayer siga siendo la de ayer.
La primera se resuelve con un portal. La segunda no la resuelve nada de lo que hoy opera en la región.
El problema no es el acceso
Casi todos los países de Centroamérica publican sus compras públicas en línea. Los portales existen, funcionan, y en general contienen lo que dicen contener. El problema aparece un día después.
Cuando un archivo se corrige, la versión corregida se publica en la misma dirección y la anterior desaparece. No queda una versión previa que consultar, ni un aviso de que hubo un cambio. Desde afuera, un portal que nunca tocó un dato y uno que reescribió catorce meses ya cerrados se ven exactamente igual.
Eso no convierte a nadie en culpable. Convierte al registro en inservible como prueba, que es distinto y peor. Un archivo que puede cambiar sin dejar rastro no sostiene ninguna afirmación sobre el pasado, ni siquiera una afirmación favorable a quien lo publica.
Por qué el custodio no puede ser el sujeto
La objeción habitual es que basta con que la institución se comprometa a no reescribir. Un compromiso es una política, y una política dura lo que dura la administración que la firmó.
El punto más incómodo es otro. Aunque cada funcionario actúe con integridad absoluta, la institución sigue siendo el único testigo de su propio pasado. Si el archivo cambió, es su palabra. Si no cambió, también es su palabra. Nadie desde afuera puede separar los dos casos, y por lo tanto la institución honesta y la que no lo es tienen la misma capacidad de demostrarlo, que es ninguna.
Eso perjudica primero a la institución honesta. Un ministerio que hizo bien su trabajo durante ocho años termina el periodo sin poder probarlo, porque la única evidencia disponible es el archivo actual, y el archivo actual es indistinguible de uno reescrito ayer. La ausencia de memoria no protege al que tiene algo que esconder. Protege igual a todos, y por eso no le sirve a nadie.
Qué hace falta en su lugar
Que la copia esté en manos de organizaciones sin interés en lo que la copia dice. Universidades, colegios profesionales y medios: instituciones con horizonte largo, sin rendimiento financiero en juego, y sin nada que ganar si el registro favorece a un gobierno ni nada que perder si lo contradice.
No se trata de que sean incorruptibles. Se trata de que son varias, de que no responden a la misma autoridad, y de que reescribir el pasado exigiría que todas lo hicieran a la vez y en la misma dirección. Ese requisito es mucho más difícil de cumplir que la buena voluntad sostenida de una sola oficina.
Una memoria que sobrevive a un cambio de gobierno no puede estar en manos de ningún gobierno.
La frase no es una acusación. Describe dónde tiene que estar guardado un archivo para que siga sirviendo después de que cambien las personas que lo escribieron.